Esto intentará ser un cuaderno de bitácora de nuestra ruta “Haro, París y Londres” que para ser justos y lógicos comenzaremos por el principio.
Sábado día 31:
-Caídas: 0
-Heridos: 0
-Multas: 0 (sin confirmar)
-Pinchazos: 1 (no vamos a decir quién porque José Félix quiere permanecer en el anonimato al ser panadero)
-Perdidos en ruta: al pasar de 10 dejamos de contar (ahora nos sobran habitaciones pero tenemos más platos para comer).
Salimos de Haro a las 08:00 horas y tras despertar a media ciudad conseguimos llegar a la frontera sin problemas tras conducir durante más de 50 kilómetros con niebla. El tramo hasta Burdeos lo hicimos a una velocidad algo más baja debido al intenso tráfico al ser operación salida/regreso. En uno de los atascos con una longitud de unos 5 kilómetros, había un tornillo perdido, uno solo y José Félix que tiene un imán en la rueda trasera lo recogió para quitarlo de la carretera. Como premio obtuvo un pequeño agujerito que se encargaron de tapárselo en un ratito. Ni que decir tiene que el agujerito era en el neumático.

Debido a este pequeño incidente, la comida la hicimos en ruta en un área de descanso con la comida que llevamos para casos de emergencia, que para eso está. Otras paraditas para repostaje, helados y cafés y llegada al hotel en grupos y tras piscinita a cenar.
Resumen: primera etapa superada sin problemas.
Domingo día 1:
-Caídas: 0
-Heridos: 0
-Multas: 0 (a punto de caer la primera)
-Pinchazos: 0
-Perdidos en ruta: en la línea del día anterior
Salimos hacia París sin ningún contratiempo, buen clima, algo de fresco y un pequeño atasco (20 minutos) en el macro peaje de París. En el último repostaje el GPS del guía (el presi) hizo huelga y tras una parada en plena circunvalación de París (5000 vehículos/hora) Titán nos llevo al hotel con su GPS que no estaba de huelga.
Tras la llegada al magnífico hotel, comimos o típico en Francia con buenas hojas de algo verde (los entendidos le llaman rúcula) y de ahí a la piscina, bolera, siesta, paseo, etc, etc,
Tras la cena probamos la maravillosa sorpresa de los precios de las bebidas en un hotel de 4 estrellas en Francia (una jarra de cerveza 10,50 €) y con ese nivel pronto a sobar.
Un pequeño grupo se adentró en la maravillosa “París la nuit” y fueron incluso parados por la policía que al ver que eran españoles los dejaron continuar sin más, aunque con los nervios uno de nuestros valientes, dejó su “firma” en un vehículo estacionado bajo la atenta mirada de un policía que decís “Mon Dieu, Mon Dieu...... Ohh la la”. En fin, risas y anécdotas. El nombre del de la firma, permanecerá en el anonimato, o eso creemos.
Lunes día 2:
09:00 horas llega al hotel nuestro autocar para dirigirnos al ayuntamiento de París. El conductor, un moreno cabreado amenazando con que seamos puntuales o en su defecto nos deja tirados por París. Tras esa declaración de intenciones, atasco y llegamos tarde al Ayuntamiento (otro año entregamos la placa conmemorativa).

Pateada por París con subida a la Tour Eiffel incluida y tormenta veraniega de 1 hora que nos incitó a comprar un souvenir de París (un chubasquero). Llegamos al Hotel y tras la cena otro recordatorio de los precios en Francia (un mojito 12 €). A sobar que mañana hay que cruzar el charco.
Martes día 3:
Hoy toca madrugar un poquito más. A las 06:30 horas suena melodiosa una voz que dice “Bonjour monsieur”, tras un desayuno como “para una boda” nos montamos en la burra y cruzamos la circunvalación de París sin problemas dirigiéndonos hacia el Norte de Francia, concretamente a Calais.
La estrategia de meter miedo con frases como “o llegamos al Ferry o nos volvemos a Haro” hizo efecto y llegamos con antelación suficiente como para cambiar la hora de embarque y adelantarla 1 hora.

Tras comer en el Ferry algo deprisa y algunos copiosamente, atracamos en Dover y ahí comenzaba la aventura de conducir “al revés”. Nada mas salir del puerto dos rotondas para poder llegar a la gasolinera para repostar. Sin comentarios......¡que mal conduce esta gente, leches!
Como no podía ser de otra forma, el guía (vaya viajecito nos dio) se equivocó en una rotonda en la que había que tomar la cuarta salida por la izquierda y no la quinta. Resultado: 9 kilómetros extra y llegada al Hotel.
Titán (el más veterano), había cogido frío en el Ferry al salir a la cubierta y antes de la llegada al hotel, tuvo la feliz idea de echar abono en la hierba cercana al arcén y regaló a la campiña inglesa las sobras de su estómago maltrecho.
El hotel, impresionante. Justo al lado de un circuito de motociclismo, piscina climatizada, yacuzzi, etc y las birras no pasaban de 4 libras que no está nada mal para lo raro que hablan estos guiris.

El único dato a resaltar fue que Titán tenía sueños eróticos con enfermeras inglesas y hubo que llevarle a un hospital para que las viese, a las 3 de la mañana volvieron de su periplo con una dosis de paracetamol como “para una boda”.
Miércoles día 4:
Comenzamos el día con otro chófer cabreado (será lo que aquí denominan gentleman o algo así), que nos “recomendó” no llegar después de las 19:00 horas al punto de encuentro por si se le olvidaba esperar a alguien. Atasco para entrar en Londres y pateada y comida por la city. Aquí Titán ya se había unido al grupo y con ganas de comer de nuevo.

El típico día londinés, nublado y algo de lluvia intermitente no permitió ver algo de esta grandiosa ciudad. Hicimos grandes rutas por su metro (aquí lo llaman underground, que yo pensaba que era una moda) y para despedirnos una tormenta de 5 minutos que nos hizo comprobar que 30 personas caben en la marquesina de una parada de autobús de 3 metros de largo.
Llegada al hotel, cena y otra amenaza con el Ferry del día siguiente. Cervezas a 4 libras y a dormir.
Jueves día 5:
Madrugón y desayuno inglés (alubias a las 7 de la mañana no debe ser muy sano, de ahí la cara de esta gente), llegada al Ferry sin problema alguno y embarque sin novedad. Ahora venía lo difícil, llegar a Tours. Quedaban 600 kilómetros y con el cambio de hora eran las 13:00 horas. Pues nada, a conducir se ha dicho y tras una comida rápida basada en sandwichs, patatas fritas y helados, a seguir deborando kilómetros.
Se decidió cruzar París por la circunvalación más lejana, siendo un total acierto al no tener un tráfico excesivo y conseguir atravesarlo todos en grupo, a pesar de que algún que otro GPS indicaba la ruta de los tontos (osea, por el medio de París).

La llegada al hotel de Tours fue a las 21:05 horas, con lo que sólo quedaba tiempo para dejar la moto e ir a cenar sin cambiarnos (la cena era hasta las 21:30 horas). Después de esto, todos a dormir que el día había sido larguísimo.
Viernes día 6:
Fin del viaje. Aún nos tocaba atravesar Burdeos (en los carteles Bordeaux y en los paneles informativos BX), todo sin problemas, pasamos Burdeos pero al tomar la salida hacía Bayona/San Sebastián, un atasco de esos que marcan época. Pues nada “¡señores, nos vemos en el peaje!”. Una vez reunificados paramos a comer en un área de servicios donde alguna ya echaba de menos los huevos fritos con chorizo (ya olía a España) y en ese punto a menos de 250 kms de casa, el grupo de Albelda nos pidió autorización para tomar la ruta San Sebastián/Logroño, despidiéndose efusívamente y felices del resto del grupo.
Una vez reducido el grupo en 8 motocicletas la conducción hacia España se agilizó un poco más y pasamos la frontera. Con la nueva circunvalación-trampa de San Sebastián, algunos picaron y se fueron a Vitoria por la Autopista de peaje, el resto por la nacional de toda la vida. Reunificación en Vitoria y últimos 45 kilómetros del viaje.
La llegada a Haro fue genial, había dos dotaciones de la Policía Local esperándonos para escoltarnos hasta la plaza del Ayuntamiento, donde nos habían acotado una zona para estacionar. Al llegar a la plaza nos esperaba la familia y la prensa, fotito de rigor y cervezas a precio más razonable, con la lógica despedida de los de fuera de Haro.

Mención especial a Titán, Iván, Jesús Mari, Miguel Ángel, Francisco y Mª. Jesús, que aún tenían que hacer algún kilómetro más para llegar a su hogar, el resto nos despedimos felices y contentos, quedando emplazados para el próximo “Haro, París y Londres”.
Desde aquí mi más sincera felicitación a todos los participantes, así como mi agradecimiento personal por el buen saber hacer de todos/as en la carretera. ¡que bien, que bien, que bien!.....
